EL RÍO ARA         ...de Alfredo Ollero

POR EL CURSO DEL ARA
DATOS TÉCNICOS
EL CURSO FLUVIAL
HIDROLOGÍA
LAS RIBERAS DEL ARA
CURIOSIDAD
 


 
  
Su cuenca es un perfecto resumen de todo lo que son y fueron los Pirineos. Y el Ara no es sólo un magnífico río de montaña de paisajes inigualables, un corredor ecológico privilegiado, una espectacular corriente para los deportes de aventura, es sobre todo un símbolo de pureza y libertad. Porque es el último río salvaje del Pirineo, el único que mantiene sus 70 km sin ser partido por ninguna presa, el único que sigue siendo río y, como tal, continuo, dinámico, complejo, variado.
   
Los ríos son las arterias naturales del territorio. Su papel es transportar agua, sedimentos y nutrientes, creando un paisaje y unos ecosistemas, un corredor ecológico que conecta las montañas con las tierras bajas. El Ara cumple a la perfección con este cometido, desde su formación en las laderas del Vignemale hasta su desembocadura en la Zinca en L’Aínsa, tras salvar un desnivel de 2.500 metros.
  
Ara es nombre preindoeuropeo que significa “corriente de agua” o por antonomasia “río”, tal como explica D. Antonio Pla, presidente del Centro de Estudios de Sobrarbe. Parece que los remotos pobladores de sus riberas ya intuyeron que era un río modélico. Ahora los científicos y naturalistas lo consideramos el mejor ejemplo para explicar el funcionamiento hidrológico, geomorfológico y ecológico de los ríos pirenaicos. Ello se debe a su lugar en el centro de la cordillera, a su estado natural, a que cuenta con tramos muy diversos, representativos de todos los tipos de cauce, ribera y valle posibles.
   
Los ecosistemas acuáticos y ribereños del Ara son muy valiosos. Especies exigentes como la trucha, la madrilla, la locha, el desmán o la nutria nos hablan de la alta calidad de sus aguas. En la cuenca se han censado más de 120 especies de aves nidificantes, entre las que sobresale el quebrantahuesos, sin olvidar un habitante del curso bajo del río: el martín pescador. Junto a toda esta riqueza es el propio cauce, sucesión de gargantas (Navarros, Jánovas), cursos sinuosos (Fiscal, Boltaña) y tramos trenzados (Planduviar, Ribera de Guaso) que se encuentran entre los más extensos y dinámicos del continente, la base para una necesaria protección.
    Este impresionante patrimonio natural ha sobrevivido gracias a la sabia explotación de los recursos -lo que ahora llamamos sostenibilidad- que han ido ejerciendo los hombres y mujeres del Ara. Una economía tradicional agrícola y ganadera que se abastecía también de la pesca del río y utilizaba sus aguas para mover molinos harineros (Torla, Broto, Fiscal, Jánovas, Boltaña, Guaso) y batanes (Lacort). Fue importante río navatero hasta los años cuarenta: los troncos se “barranquiaban” o conducían sueltos hasta Planduviar, donde se construía la navata que descendía para seguir por Zinca y Ebro. Hoy viven menos de 2.000 personas en la cuenca del Ara, la cuarta parte que hace un siglo, y cuarenta pueblos están deshabitados por distintos motivos. Pero hay turismo y se notan muchas iniciativas e inquietudes. El río es ahora para la pesca deportiva, el rafting de Torla a Broto o de Broto a Fiscal y el descenso en canoa de Jánovas a L’Aínsa. Los modos de vida han cambiado, pero los muchos puentes -los medievales de Bujaruelo y Torla, otros reforzados, como el de Broto o el de la Gorga en Boltaña, otros casi una aventura, como las pasarelas colgantes de Lacort y Jánovas- ven pasar un río que sigue comportándose como siempre, con sus mayencos y sus estiajes de verano.
    Es urgente proteger el Ara, tanto por sus enormes valores ecológicos y paisajísticos como para que no vuelva a ser atosigado por proyectos desarrollistas que terminen destruyendo este último gran río “salvaje”.

     

Por el curso del Ara

Nacimiento. En la cara S del pic Meillon (2.930 m), al NW del Vignemale. Tras una larga sucesión, que puede seguirse por el GR-11, de estrechamientos con rápidos y artesas glaciares en las que se remansa, recibe al río Otal y alcanza Bujaruelo.

Curso alto. Es el valle de Bujaruelo uno de los más bellos del Pirineo, de impresionantes cortados en los que anida el quebrantahuesos y magníficos bosques. El impetuoso Ara en la Garganta de los Navarros recibe al Arazas, a la entrada del emblemático Parque de Ordesa. En la gran artesa de Planduviar, labrada por la lengua de hielo de un glaciar cuaternario, el Ara se divide en brazos entre una gran superficie de gravas. En Buesa podemos lograr una buena visión del valle.

Ribera de Fiscal. El barranco Forcos trae noticias de un mundo perdido, el Sobrepuerto. El Ara se encaja entre laderas de un bosque continuo de pinos y robles. En Fiscal el Ara gira al Este, abre su valle y describe meandros. Desde las atalayas de los deshabitados Berroy y Muro de Solana podemos obtener excelentes panoramas. Pero hay que bajar al puente de Ligüerre para ver al Ara en todo su esplendor. La trasparencia de sus aguas muestra los cantos rodados, que hablan del trabajo continuo de los ríos. Sauces y chopos jóvenes resisten a la corriente con la flexibilidad de sus troncos. Todo hace pensar en nuestra fragilidad ante el paso inexorable del tiempo y los ciclos de la naturaleza. Arresa, Jabierre y Santa Olaria se sitúan sobre conos a resguardo de las crecidas. Al S el centinela Canciás, con su crestón cimero de conglomerados y el excelente bosque húmedo de su umbría.

Ribera y congosto de Jánovas. El Ara recibe a la Guarga, que baja de la Solana, donde el franquismo sustituyó a los hombres por pinos para que los embalses de abajo no se llenaran de sedimentos. Los antiguos bancales de Lavelilla se difuminan con el tiempo. Nos asomaremos al río en el puente colgante de Lacort y en el mismo Jánovas. El Ara corta el congosto como queriendo escapar del destino que le habían preparado los tecnócratas. Los estratos calizos verticales parecen enormes costillas y las aguas de tonos verdosos y turquesas se abren paso con rapidez.

Boltaña y L’Aínsa. El valle se ensancha y el río se abre de nuevo en brazos y riega huertas y prados. El Ara tributa sus 20 m3/s de caudal medio a la Zinca y allí pierde la vida y la libertad, ya que se sumerge en el embalse de Mediano, que ahoga los ímpetus de estos ríos pirenaicos.

 Alfredo Ollero Ojeda

     

Datos técnicos

La cuenca

La cuenca del Ara, con una superficie de 718 km2, se instala en la parte central del Pirineo Aragonés. Entronca en el macizo de Vignemale (3.303 m) y en una elevada alineación con varios picos por encima de los 3.000 m hasta las Tres Sorores (Monte Perdido, 3.355 m), en la cabecera de su afluente Arazas (Valle de Ordesa). Por el Oeste queda separada de la cuenca del Gállego por una divisoria que recorre Tendeñera (2.853 m), el puerto de Cotefablo y los montes Erata (2.005 m) y Oturia (1.920 m). Al Este, la divisoria con el Cinca sigue la sierra Custodia (2.504 m), el Mondiciero (2.392 m), la localidad de Fanlo, la sierra Bolavé (1.894 m) y la de San Miguel (1.775 m). Al Suroeste, queda separada de las cuencas del Basa y del Guarga, afluentes del Gállego, por las sierras de Canciás (1.928 m) y Gabardón (1.803 m).

La cuenca del Ara presenta toda la amplia variedad de formaciones geológicas y formas de relieve que caracterizan a la cadena pirenaica. El Pirineo axil está representado en la cabecera del Ara, aguas arriba de Bujaruelo. Aflora en el extremo noroccidental el borde del batolito granítico paleozoico de Panticosa. Lo rodean materiales paleozoicos metamórficos -calizas, cuarcitas y pizarras- afectados por la orogenia herciniana y más adelante por la alpina y por el modelado glaciar cuaternario (valle en artesa de Otal), que culminan en el macizo de Vignemale. Las Sierras Interiores, calizas, del Cretácico y del Eoceno, plegadas en la orogenia alpina de forma intensa (pliegue tumbado de Torla), son cortadas transversalmente por el Ara en el congosto de Bujaruelo o garganta de los Navarros. El Monte Perdido (3.355 m) es la cumbre del macizo calizo más alto de Europa. Al modelado glaciar se une la intensa karstificación. La banda de flysch, litología constituida por estrechos estratos muy replegados de calizas, areniscas y margas, ocupa una notable superficie, extendiéndose en todo el sector central de la cuenca (Valle de Broto y Solana de Burgasé). La litología flyschoide ha condicionado un país de intenso abarrancamiento con presencia de relieves en cuesta. Son interesantes las formas de modelado periglaciar, con extensos canchales y grèzes litées. También destacan los depósitos fluviales del Ara en Broto y Sarvisé, con dos niveles de terraza, y los enormes conos de deyección de los barrancos, destacando por sus dimensiones el del Chate. Se distinguen en la zona de Torla y Broto depósitos morrénicos colgados hasta 300 m sobre el valle actual.

La Depresión Media Intrapirenaica está fragmentada en este sector central del Pirineo por un eje anticlinal N-S transversal a la estructura normal. Es el anticlinal de Boltaña, conformado por gruesos paquetes de calizas lutecienses, tajadas por el Ara en el congosto de Jánovas. El relieve anticlinal compartimenta la Depresión en dos sectores: Fiscal-Jánovas y Boltaña-L’Aínsa. En la primera de ellas afloran las margas azules del Eoceno, con procesos de acarcavamiento en algunos sectores. Los depósitos fluviales cuaternarios alcanzan notables dimensiones, distinguiéndose dos niveles en las terrazas del Ara entre Fiscal y Jánovas. Al Sur del valle de Fiscal-Jánovas, las sierras de Canciás y Gabardón constituyen relieves conglomeráticos oligocénicos sobre terrenos continentales areniscosos del Eoceno, es decir, estructuras similares a las más occidentales de San Juan de la Peña y Oroel.

El río Ara hasta Boltaña ha drenado un 28,19% de terrenos calizos, 1,64% de graníticos, 5,97% pizarrosos, 7,68% margosos, 9,03% areniscosos, 2,30% conglomeráticos y 45,16% de flysch (D.G.A., 1988). Los procesos erosivos no son importantes por el buen estado y superficie de la cubierta vegetal, a pesar de la intensidad de los procesos generados por las acciones del hielo-deshielo, la notable pluviosidad, las fuertes pendientes y la deleznabilidad de litologías muy representadas, como el flysch o en mucha menor medida las margas. De acuerdo con el Mapa de Niveles Erosivos (ICONA, 1987), en toda la cabecera hasta Torla la erosión es mínima, por debajo de 12 tm/ha/año (en Ordesa es inferior a las 5 tm/ha/año). En el sector de cuenca vertiente entre Broto y Fiscal la erosión también es poco acusada, destacando únicamente algunas zonas en la cuenca alta del barranco de Forcos, donde se alcanzan las 50 tm/ha/año. El punto más problemático son las laderas de solana del monte Campaneta, sobre la localidad de Buesa, donde se superan las 100 tm/ha/año. El propio valle del Ara y el del Chate presentan índices muy bajos debido a su densa cubierta vegetal. El sector de cuenca entre Fiscal y Jánovas presenta una situación similar, si bien en ambas laderas hay amplios sectores que superan las 25 tm/ha/año. Para el conjunto de la cuenca del Ara se estima una pérdida media de 17 tm/ha/año.

El valle del Ara presenta huellas glaciares desde Vignemale y Monte Perdido hasta las proximidades de Asín de Broto. Es decir, hace unos 60.000 años, en el máximo glaciar, la lengua de hielo que descendía por el valle procedente de los circos de la cabecera alcanzaba casi 30 km de longitud. Había dos lenguas principales, la del Ara y la de Ordesa, que confluían en el Puente de los Navarros. En Ordesa el hielo alcanzaría un grosor de 800 m. Hay restos morrénicos destacables en Diazas, Linás de Broto, Buesa y Chate, que demuestran cómo la lengua de hielo iba disminuyendo su espesor: 480 m a la altura de Torla, 370 m en el valle del Sorrosal (Linás), 250 m en Buesa y 150 m en el Chate.

Por lo que respecta al clima actual, las temperaturas medias anuales oscilan entre los 12oC del fondo del valle del Ara en su curso bajo y los valores negativos por encima de los 2.800 metros de altitud, nivel de la isoterma de cero grados. Las precipitaciones medias anuales superan los 1.700 mm en las cumbres de cabecera y son de 1.356 mm en Torla, 1.048 mm en Jánovas y 1.066 mm en Boltaña (serie 1953-82). Para el Estudio de Recursos de la Cuenca del Ebro (CHE) se estimó para el conjunto de la cuenca vertiente hasta la cerrada de Jánovas una precipitación media anual de 1.355 mm y una evapotranspiración potencial de 531 mm anuales, por lo que la aportación específica se cifraría en 874 litros por metro cuadrado.

Hay recursos hídricos subterráneos en los depósitos de calizas masivas y en el flysch. Destaca la Unidad Ordesa-Monte Perdido, que drena tanto hacia el Ara como hacia el Cinca. El recurso se calcula en 160 Hm3, la reserva anual en 400 Hm3 y el drenaje, principalmente a los ríos Arazas y Ara, en 160 Hm3/año. El uso de estas aguas es insignificante, no hay problemas de calidad, la mineralización es débil y la dureza media. La Unidad Alto Sobrarbe, en el anticlinal de Boltaña, presenta una recarga anual y recurso que se evalúa en 18 Hm3, la reserva en 336 Hm3 y el drenaje en 18 Hm3/año.

Si algo caracteriza a la cuenca del Ara es la notable cubierta arbórea, la presencia de extensos bosques, que representan un 47,4% de la superficie del término de Broto, un 60,6% del municipio de Fiscal y un 28,6% del de Torla (D.G.A., 1988). En total, la superficie de la cuenca vertiente a la cerrada de Jánovas está conformada por 15,6% de matorral, 38,9% de coníferas, 3,9% de frondosas, 23,8% de pastizal, 14,6% improductivo y el 3,2% está cultivado.

Existe una amplia diversidad de ecosistemas diferenciados por condicionantes altitudinales, de exposición y edáficos: ambiente mediterráneo en laderas de solana de margas y flysch y del congosto de Jánovas,  ambiente submediterráneo en sectores del fondo del valle y de la Solana de Burgasé, piso montano inferior, piso montano húmedo, alta montaña, roquedos sin vegetación y riberas.

Desde el punto de vista ecológico y paisajístico, los elementos más valiosos de la cuenca del Ara son las espectaculares formas de relieve de la cabecera, resaltadas por la impronta glaciar, los densos y extensos bosques de toda el área, especialmente los pinares de pino silvestre y los enclaves de frondosas en umbría, el congosto de Jánovas y el cauce del Ara. Son elementos naturales valiosos por su representatividad o singularidad en el Pirineo central.


 

El curso fluvial

Con una longitud total de 69,5 km y una pendiente media del 3%, el río Ara es el primer gran afluente del Cinca. Sus principales afluentes son el Otal, Arazas, Sorrosal, Chaté, Forcos, Guargas, Sieste y Ena. Los 8 tramos internamente homogéneos que pueden establecerse a lo largo del curso del Ara son los siguientes:

Tramo 1: Comachibosa – Bujaruelo, con una longitud de 14,8 km y una pendiente media del 8,72%, es el típico curso de alta montaña pirenaica. Por la morfología del cauce puede subdividirse en cinco subtramos:

1.a) Cabecera, curso inicial de fuerte pendiente encajado en el sustrato rocoso y material coluvial, carente de llano de inundación.

1.b) Meandriforme glaciar, un cauce de suaves curvas en el fondo de la artesa glaciar.

1.c) Poco sinuoso pendiente, con rápidos en un valle en V. Es la tipología de curso fluvial más frecuente en cursos altos. El cauce presenta rápidos y escalonamientos, pero dibuja también sinuosidades, de manera que no sólo ejerce erosión lineal, sino que muestra también una incipiente erosión lateral, además de verse muy afectado por los procesos de vertiente. El corredor ribereño es estrecho, aunque en él pueden aparecer ya especies de ribera entremezcladas con las que colonizan las partes bajas de las laderas. El terreno inundable es también estrecho y no precisamente llano, sino marcado por la concavidad basal de las vertientes.

1.d) Meandriforme glaciar, nuevo valle en artesa.

1.e) Poco sinuoso pendiente, con rápidos en un valle en V

Tramo 2: Bujaruelo - Puente de los Navarros, de 6 km de longitud, en el que la pendiente media desciende al 4,66%. Atraviesa la Garganta de los Navarros, de notable valor escénico, típica garganta fluvial de curso alto. Valle y cauce dibujan sinuosidades y van recibiendo afluentes de fuerte pendiente, como las laderas. Importante erosión lineal, encajamiento, sucesión de rápidos y escalones con remansos. Gran capacidad de transporte, como se refleja en la gran cantidad de bloques y materiales groseros.

Tramo 3: Torla, de 6,2 km y una pendiente media del 2,34%, se desarrolla entre el puente de los Navarros y el límite municipal Torla-Broto. El valle presenta una anchura intermedia que permite el desarrollo del corredor fluvial, pero las curvas presentan una baja amplitud de onda y chocan con frecuencia con las laderas, por lo que el llano de inundación viene a coincidir con la banda de ameandramiento. Es decir, sólo son inundables las orillas convexas y no siempre en toda su extensión, ya que pueden asociarse a la vertiente a través de depósitos coluviales. En el cauce, de pendiente media, se suceden los pools (remansos) y los riffles (resaltes y rápidos). Una ruptura de pendiente en este valle glaciar lo separa del tramo siguiente.

Tramo 4: Broto – Barranco de San Pedro, de 8,5 km de longitud, con una pendiente media del 1,29%. Constituye un amplio valle glaciar y concluye allí donde se sospecha que llegó la lengua de hielo, aunque no quedan restos de la morrena terminal. El tipo de curso fluvial es trenzado de curso alto. Los cauces trenzados se distinguen con mucha facilidad por su notable anchura y muy baja profundidad, por su gran carga de material sólido y por la subdivisión de la corriente en múltiples brazos que dejan entre sí isletas inestables o móviles. Este tramo se asocia a un fondo de valle muy extenso a causa de la llegada de afluentes con notable carga sedimentaria cuyos conos aluviales se expanden e integran en la propia llanura aluvial del río principal. El cauce es muy ancho, con materiales predominantes de granulometría gruesa, y el corredor o cinturón fluvial es aproximadamente recto, manteniendo una pendiente relativamente alta, con buena colonización vegetal en las zonas más estables pero nula en amplios sectores debido a la frecuencia de caudales altos y crecidas. El llano de inundación es extenso, ocupando todo el fondo de valle.

Tramo 5: Barranco de San Pedro – Fiscal, de 5,2 km de longitud y 1,06% de pendiente. Valle estrecho donde el cauce meandriza suavemente. Se diferencia al modelo del tramo 3 en su menor pendiente, mayores dimensiones del cauce y amplitud de onda de los meandros ligeramente superior. El desarrollo de terrazas es más completo y el llano de inundación es más amplio. El corredor ribereño coincide con la banda de ameandramiento y las orillas convexas presentan un buen desarrollo de la vegetación de ribera.

Tramo 6: Ribera de Fiscal, de 12,8 km de longitud y 0,82% de pendiente. Valle amplio y cultivado en depresión margosa que conforma el vaso del embalse proyectado. El cauce se encaja entre niveles de terraza. La tipología de este curso fluvial es meandriforme, con curvaturas de amplio radio y notable regularidad. Las terrazas conectan con conos de barrancos afluentes, sobre los que se instalan los núcleos de población.

Tramo 7: Congosto de Jánovas, de 6 km de longitud y una pendiente media del 0,83%. Presenta un sector inicial más estrecho y otro más abierto hasta el puente de la carretera de Lanave. Garganta abierta en materiales calizos en la que se observan los espectaculares estratos plegados del anticlinal de Boltaña. Cauce, corredor ribereño y llanura de inundación quedan constreñidos por el encajamiento del valle.

Tramo 8: Boltaña - L'Aínsa, de 10 km y 0,57% de pendiente. Valle progresivamente más abierto hasta la confluencia con el Cinca. El cauce se subdivide en dos subtramos:

8.a) Meandriforme con amplias curvaturas relativamente regulares. El corredor ribereño se ajusta a la banda de ameandramiento y se desarrolla una franja de vegetación continua jalonando las dos orillas.

8.b) Trenzado de curso bajo en el que la fragmentación en brazos e isletas es menor que en Planduviar, presentando algunos sectores notablemente estables y los subcauces son más anchos y más sinuosos. El corredor ribereño dibuja, en conjunto, pequeñas sinuosidades. La vegetación ribereña se asienta con mayor facilidad en las zonas más estables. El llano de inundación es extenso y bien desarrollado.

El río Ara es un sistema fluvial dinámico y complejo que responde en líneas generales a la tipología propia de un río de montaña. Lo más destacable del Ara es su considerable naturalidad, derivada de varios factores: la escasa población de su cuenca, el predominio de actividades humanas poco impactantes, la presencia de amplias zonas protegidas en su cabecera y la ausencia de represamientos a lo largo del cauce principal de la cuenca. No obstante, hay algunos elementos que distorsionan dicha dinámica: los cambios de uso del suelo que han tenido lugar en la segunda mitad del s. XX (abandono de campos y prácticas tradicionales, repoblaciones forestales, incremento del turismo, etc.), la presencia de presas de sedimentos en algunos afluentes del Ara, la proliferación de obras de defensa en el cauce en Broto, Boltaña y L’Aínsa, el incremento de la población estival, etc. Un ejemplo puntual de distorsión de la dinámica natural fue el causado por la ataguía de Jánovas incrementando la crecida de diciembre de 1997.

En el espacio se observa una gran diversidad de tipos de cauce siguiendo el perfil longitudinal. Así, desde la pendiente cabecera, con tramos de rápidos y cascadas, se pasa por un par de rellanos glaciares hasta Bujaruelo. El encajamiento de la garganta de los Navarros, donde el río aún es capaz de arrastrar grandes bloques da paso a un valle más abierto en Torla, donde el cauce serpentea aún con moderada pendiente. Aguas debajo de Broto recibe dos afluentes que le aportan gran cantidad de sedimentos, Yosa y Chate, y a favor de los grandes conos de ambos barrancos y de la apertura del rellano glaciar (hasta aquí llegó la lengua de hielo wurmiense) se desarrolla un cauce que llega a superar los 500 m de anchura. Es un cauce con múltiples brazos (trenzado) y una gran complejidad sedimentaria, que constituye un ejemplo único por sus dimensiones en todo el Pirineo. Desde el barranco Forcos hasta Fiscal el valle se encaja un tanto y el cauce meandriza habiendo dejado colgadas algunas terrazas fluvioglaciares. Entre Fiscal y Jánovas encontramos un cauce de meandros en un valle amplio con terrazas y extensas barras de sedimentos, tanto en las orillas como en el centro de la corriente. Estos sedimentos son ya notablemente más pequeños de la cabecera, pero aún se constata la presencia de bloques de gran tamaño que demuestran que las crecidas han tenido su importancia, y que el río conserva una torrencialidad propia de su carácter pirenaico y de su naturalidad. Tras encajarse de nuevo en Jánovas, valle y cauce se abren definitivamente entre Boltaña y L’Aínsa, donde la plana de inundación se extiende y el cauce, ya con muy baja pendiente, describe primero meandros para por último trenzarse en brazos entre barras de grava, aportando al Cinca un notable caudal sólido que contribuye a ir colmatando el embalse de Mediano.

En el tiempo no hemos observado señales que demuestren grandes cambios recientes en la dinámica del río. Por el contrario, éste mantiene una torrencialidad que parece muy similar a la de los últimos siglos, y las fotografías aéreas de las últimas décadas no atestiguan cambios relevantes. Tan sólo algunas defensas lineales han limitado la dinámica en los tramos trenzados de Broto-Planduviar y Boltaña-L’Aínsa. También parece observarse cierto encajamiento del cauce en los últimos años, del que todavía no tenemos pruebas suficientemente claras. Quizás haya progresado más la vegetación colonizando los depósitos sedimentarios del cauce, lo cual puede deberse al menor número de mayencos en el último cuarto de siglo, cuando la innivación a lo largo del invierno ha sido claramente inferior a la de épocas precedentes. Pero todavía no podemos saber si esto va a ser un cambio climático mantenido o es un ciclo más de las oscilaciones propias de la dinámica ambiental.

Las terrazas formadas a lo largo del Cuaternario muestran estructuras sedimentarias similares a las del cauce actual, por lo que podemos deducir que después de las glaciaciones el paisaje del Ara ha sufrido pocos cambios, que el hombre no ha modificado lo suficiente la cuenca como para alterar la dinámica del río. En suma, el sistema fluvial ha ido manteniendo un equilibrio, dentro de su notable naturalidad. Esto significa que el río Ara funciona bien como un río, lo cual es su mayor valor y lo que lo diferencia claramente de sus hermanos pirenaicos, alterados por presas y derivaciones de caudal. Ese equilibrio está construido en la inestabilidad inherente a todo sistema natural. Y la principal prueba de ello es la labor geomorfológica de las crecidas, capaces de arrastrar gran cantidad de sedimentos y de producir cambios de trazado en los tramos no encajados del cauce. Las tres o cuatro grandes crecidas del último siglo han sido las responsables de los mayores signos de dinámica de este sistema.

Hidrología

    Empleando datos de García Ruiz et al. (1985), por Torla el Ara presenta un caudal medio de 8,5 m3/s que suponen una aportación de 269,1 Hm3, con un régimen nival de máximo en junio. En Fiscal la aportación es de 453,1 Hm3 y el caudal de 14,3 m3/s. En Jánovas se alcanzan los 635,11 Hm3 y un caudal medio anual de 20,1 m3/s. El régimen es pluvio-nival con estiaje veraniego, mínimo secundario en enero y dos máximos similares, uno otoñal y otro entre marzo y junio. En Boltaña el Ara registra 681,5 Hm3 de aportación y 21,6 m3/s, un caudal muy similar al del Ésera en Graus. El papel de la retención-fusión nival es importante por las altitudes de la cabecera, quedando incluso algunos neveros permanentes, restos glaciares muy reducidos a lo largo del presente siglo. El proyecto de Iberduero señala una aportación media para el río Ara en Jánovas de 575,1 Hm3 (serie 1946-82), con valores extremos anuales de 1.286,3 Hm3 y 254,7 Hm3.

    Según García Ruiz et al. (1985) un 69,2% de las crecidas del Ara tienen lugar en otoño, un 21% en primavera y un 14,2% en invierno, por lo que responden fundamentalmente a episodios pluviales. El ajuste de Gumbel realizado para el proyecto de Iberduero obtiene un caudal punta de la avenida de 500 años de 2.574 m3/s en la estación de Jánovas, y casi 1.733 m3/s si la avenida es de 50 años.

El 18 de diciembre de 1997 una crecida del Ara de unos 700 m3/s de caudal punta tropezó con la presa-ataguía de Jánovas destinada a desviar las aguas por el túnel del polémico embalse. La presión del agua rompió la ataguía, hecha de materiales sueltos, formándose un gran boquete. La crecida resultante marcó un caudal de 1.551 m3/s (4 m de altura en el aforo) en Boltaña, el tercero más alto del siglo, produciendo la ruptura de defensas y la inutilización de la cabañera real, y obligando a desalojar el núcleo de Margudgued.

Las riberas del Ara

El corredor ribereño es muy estrecho, coincidente con el cauce, en la cabecera del Ara. Un denso tapiz herbáceo estabiliza sedimentos y cubre el fondo de la artesa glaciar en los sectores del curso alto en los que el valle se ensancha. En los puntos más estrechos las especies ribereñas se entremezclan con las propias del sector bajo de las laderas. En Bujaruelo, tras una primera línea de sauces (Salix eleagnos subsp. angustifolia en las zonas inestables y pedregosas y Salix caprea en zonas más estabilizadas y con más finos) crece el boj y la vegetación de ladera (pinos y hayas).

Hasta Broto presenta una primera línea de sauces y en retaguardia abedules (Betula pendula) y pinos (Pinus sylvestris). Las saucedas (S. eleagnos subsp. angustifolia) se desarrollan en el extenso cauce trenzado entre Broto y la confluencia del Forcos, apareciendo los primeros chopos (Populus nigra). Los primeros sotos ocupan algunas orillas convexas de los meandros que nos aproximan a Fiscal. La sauceda en primer término seguida de abedules, arraclanes (Frangula alnus) y pinos confirman la estructura típica de todo el curso hasta aquí.

En Fiscal el panorama cambia ligeramente: los sauces (S. eleagnos subsp. angustifolia y S.  purpurea) crecen más, las hileras de vegetación arbórea muestran mayor madurez y el chopo sustituye al abedul. En el congosto de Jánovas no hay vegetación de ribera, salvo estrechas hileras de chopos y sauces. Aguas abajo, en el curso inferior, las masas de vegetación se expanden, con complejas estructuras sobre las barras sedimentarias, entremezclándose sauces, chopos, pinos y fresnos (Fraxinus angustifolia).

En líneas generales, la vegetación de ribera del río Ara, a pesar de estar en algunos tramos limitada o alterada por diferentes usos antrópicos (cultivos o prados, extracciones de áridos, algunas edificaciones y tramos de carreteras, escolleras, pastoreo) constituye un corredor fluvial bastante continuo y en total interrelación con la dinámica geomorfológica del cauce. 

Curiosidad

En el diccionario de Pascual Madoz (1845-50) se dice del Ara que “es diferente de todos los ríos de las montañas, imitando más bien a los de las llanuras, pues corre mansamente y por lo tanto todo este tránsito es llano y despejado fuera de un trozo de Sernobal (...) A impulso de sus aguas se mueven las ruedas de muchos molinos harineros y batanes; también se fertilizan con ellas algunas tierras, pero podría aprovecharse mucho más a poco coste, abriendo acequias y haciendo grandes praderías para lo que es a propósito el terreno de sus inmediaciones, y con ello se convertiría en un país ameno y fértil, el que hoy es árido y miserable. Cría abundantes truchas entre las que hay de 7 y 8 libras, barbos y multitud de anguilas, aunque muy pequeñas.”

También cuenta Madoz una curiosidad del Ara: “Se cree con bastante fundamento que en la sierra de Jánovas se filtra por entre las grandes cavernas que en ella se descubren y da origen a la muy nombrada fuente que nace en el barranco de Rodellar, llamada Mascún, al pie de la sierra de Guara (...) Cuando crece el río Ara la expresada fuente aumenta el caudal de agua que en ella brota, y cuando las avenidas del Ara arrastran hojas de haya, la fuente presenta las mismas hojas”.

Figuras y tablas del río Ara

La web de La risa-VidaSana,
 marisÉ: guaso@guaso.com

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