LOS RÍOS, ¿PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD?

José María Santos de las Heras  

Presidente de A.R.A./Asociación Río Ara
 

LOS RÍOS

   ¿Qué es un río? Tendemos a pensar que río es un concepto tan claro, nítido y ancestral que ya sabemos todo lo que hay que saber sobre él. En la práctica cuando la asociación río Ara dice que el Ara representa la mayor cuenca natural de la cordillera pirenaica, nos damos cuenta que, a veces hay que explicar conceptos aparentemente claros, como el cuenca hidrográfica. Y, la verdad, es que la naturaleza, con su caos aparente a ojos humanos, se empeña en mostrarnos que su fortaleza depende de la diversidad y complejidad de los elementos que la integran, de ese aparente caos. Usaré río por cuenca para no repetirme demasiado.

   El modelo de la meteorología que, por ejemplo, nos predice el tiempo para cuatro días y que acaba de certificar que el calentamiento terrestre no es hipótesis sino realidad planetaria. Pero que, por otra parte, se sabe incapaz de decirnos cuando concluye un periodo seco o si lloverá el 20 de mayo; el modelo de la meteorología, digo, me resulta mucho más interesante para entender un río que el que parece tener mucha gente, al que podríamos llamar modelo de la cisterna del water, que viene a decir que el agua corriente es lo que va desde el grifo al desagüe y que se abre y se cierra. Y, a puro de vivir alejados de entornos naturales, esa idea de agua, del grifo al desagüe, se ha trasladado a la de río. Algunos planificadores hidráulicos piensan que un río es el conducto entre dos presas. Así nos va.

   Pero no, el ciclo global del agua, y las cuencas como parte de él, no es un mecanismo hidráulico de bombeo y desagüe, la visión del siglo XIX que hemos ejecutado en el XX, sino un organismo vulnerable, cuyo parecido mayor, a falta de otras palabras, es a un organismo vivo. Cada cuenca hidrográfica es única, se ha formado por la interrelación del clima, la orografía, los organismos vivos y el agua. Por supuesto que el ser humano tiene la posibilidad de mejorarlo para sacar provecho de él; resulta más discutible que tengamos derecho a empeorarlo. Un sistema hidrográfico es el producto de su propia evolución y hay quien dice que contiene una suerte de ADN virtual que determina los caracteres distintivos del río específico que recibe sus aguas, entre ellos su forma topográfica.

   Es impensable que las más de 40.000 grandes presas ya construidas en el mundo, que anegan el 1% de la superficie terrestre, no hayan traído beneficios a ciertos lugares del planeta. Pero resulta triste leer todavía artículos en prensa que dan por supuesto que un presa es una mejora per se, con independencia de su necesidad o alternativas, con el único problema de algunas afecciones solucionables con una buena chequera.

   Las grandes presas construidas aquí y allí han generado un cuadro clínico de nuestros ríos para el que habrá que inventar una patología propia, una suerte de medicina ecológica que sane en lo posible las enfermedades detectadas. Sus síntomas más visibles (traduciendo a Philip Wilson, presidente de la red internacional de ríos, IRN) son:

-         Sangría persistente. Esto es, grandes desvíos de agua. Sin irnos muy lejos, podemos ver un ejemplo agudo en la presa de El Grado, que deseca completamente un buen tramo del río Cinca sin que a la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE) se le caiga la cara de vergüenza. El grupo de trabajo impulsado por el Centro de Desarrollo del Somontano intenta una tarea de cíclopes: volver a tener un río, ese tramo del Cinca, que desapareció literalmente hace décadas. Un abuelo agricultor, componente del grupo, explicaba en una charla cómo era el río que había conocido. ¿Nos tendrán que contar los viejos cómo eran los ríos? ¿Y cuando no queden estos viejos? En fin, para sangría persistente, la que proyecta el Ministerio de Medio Ambiente (MIMAM): la interconexión de cuencas, aquí llamada trasvase.

-         Pulso defectuoso. Otra grave enfermedad consistente en eliminar a gran escala el ritmo natural de fluctuaciones en el caudal. Muchos ríos ya no llevan mucho agua en la estación adecuada, o poca en la que convenía para el mantenimiento de los ecosistemas o para el arrastre de sedimentos. En tal punto de confusión mental estamos anclados que hace poco más de un mes pude escuchar a un ingeniero, expresidente de la CHE, explicar, a propósito de un proyecto comarcal, que el Cinca, al contar con presas, tenía un caudal ecológico, mientras que el Ara, al no tenerlas, no tenía caudal ecológico. O sea que, para este ingeniero, caudal ecológico es lo que va del grifo al desagüe, mientras que las aportaciones de un río en estado natural no son ecológicas. El grado de confusión mental llega muy arriba.

-         Empobrecimiento de la sangre. La retención de sedimentos es la tercera enfermedad provocada. El 95% de los sedimentos que debería aportar el Ebro a su delta y a las costas mediterráneas es retenido por las presas. El barro que va acolmatando los embalses es un problema que legaremos a las siguiente generación, en ese estilo tan humano de ¡ya se apañarán!, empleado también, por ejemplo, en la gestión de residuos radiactivos de las centrales nucleares.

   Dejemos las enfermedades.

Pensar en la cuenca, aunque usemos el término río, ayuda a entender algo más el asunto, pero ni aún así lo abarcamos, sencillamente no conocemos todo. Los lagos tienen su vida particular, con movimientos periódicos de intercambio de agua en su interior. Aunque aquí, en el Pirineo, vamos a nuestro ritmo y tras represar algunos ibones para producir electricidad, hay que batallar para que las empresas que lo hicieron se lleven la porquería que dejaron alrededor. Y encima no quieren. Y están, además, las aguas grandes olvidadas por estos lares, las aguas subterráneas, 30 km3 de recarga anual en los acuíferos peninsulares. En esto, o nos pasamos o no llegamos. En algunas zonas la extensión irresponsable del regadío ha secado o contaminado los acuíferos; en otras, no quiere verse que los próximos pantanos ya se hicieron hace tiempo: están bajo tierra. A condición de que se extraiga de manera sostenible y no se contaminen. Y quedan las otras aguas, dulces: glaciares y nubes; y saladas: el gigantesco océano. Sólido, líquido o gaseoso, el ciclo del agua nos coloca en nuestro sitio. La intervención humana en los ríos debe contemplar muchas más variables de las que hasta ahora ha tenido presente si no queremos acabar con los procesos vitales que sustentan nuestra civilización.

 

EL PATRIMONIO

   La Tierra no es la herencia de nuestros padres, sino el préstamo de nuestros hijos. Lo que dijo el indio americano al presidente de los EE.UU. hace más de un siglo vale también para el agua y los ríos.

   Los servicios ecológicos prestados por una cuenca fluvial, como la del Ebro, a escala global o local son de difícil tasación. Y, como nos ha dado por creer que lo que no se puede medir no existe, y que lo que no tiene precio no tiene valor, nos es difícil percatarnos de la importancia de tales servicios. El macizo pirenaico, cuyo sur mana por donde estamos nosotros hacia el Ebro, contribuye a una escala importante al mantenimiento de la biosfera que conocemos. Es el regulador del ciclo del agua a escala regional, capaz de aportar agua de calidad –si los ecosistemas pirenaicos están sanos-; exporta materiales y nutrientes contribuyendo a la fertilidad; forma, lejos de la montaña, el Delta del Ebro; y es reserva de la biodiversidad y de paisaje –algo cada vez más requerido-, entre otras cosas. Y, mientras esto acontece las evaluaciones de impacto ambiental (EIA) realizadas desde que es obligatorio se dedican a alternativas de gran importancia: en el caso de Jánovas, las llamadas A y B, se refieren a si la turbina se instala a pie de presa o 4 km más abajo. Sin comentarios.

   El PHCE, comenzando por el conjunto de presas ya construidas, debería contar con una EIA conjunta para saber por donde empezar a arreglar algunos desaguisados. Los planes hidrológicos proyectan bastantes más presas, como si la gestión de los ríos fuera un problema exclusivamente de ingeniería. Que también lo es, pero en modo alguno en exclusiva, porque si no pasa lo que pasa. La presa más alta de Europa en la década de los 60, la de Vajont, un prodigio de la ingeniería italiana de su tiempo, aguantó firme mientras su llenado provocó tal corrimiento de tierras que se produjo una ola considerable que brincó por encima. Quizá alguien hizo bien su trabajo, ya que la presa aguantó , pero algo debió fallar, porque dos mil personas murieron y el valle río abajo desapareció por la avenida de agua. A otra escala, la catástrofe producida en el camping ubicado en el cono de deyección del barranco de Arás, cerca de Biescas, algo nos indica acerca de cómo no hacer las cosas. Eliminar el cono de deyección construyendo un río artificial, un canal, evitaba las inundaciones habituales, las pequeñas, pero la inundación seria se agravó. Y, sin tales efectos, la ataguía construida en el 94 en Jánovas para derivar las aguas del río Ara y permitir la construcción de la presa, reventó en el 98 produciendo el desalojo de la ribera hasta Ainsa y la necesidad de soltar más agua de la cuenta en los embalses de Mediano y El Grado. Al barrio bajo de Fraga, población a bastantes kilómetros aguas abajo, le fue justo. Al día siguiente, en la prensa, el presidente de la CHE explicaba que, gracias a las presas del Cinca, se habían controlado las fuertes lluvias. Lo cierto es que, en ocasiones, por razones que desconozco, los embalses sueltan más agua de la que está cayendo en cabecera con lo que el remedio resulta ser peor que la enfermedad. Pero, tranquilos, sólo con las avenidas más grandes.

   Desde hace más de cuatro mil años se han realizado obras hidráulicas, pero hasta finales del XIX no se inventó la dinamo, productora de electricidad con su giro magnético. La electricidad nació con un pequeño problema: no se puede almacenar. Solución: se almacena el agua. Para época parecida se diseñan los grandes planes de regadío: para el Nilo, para las llanuras americanas, para Monegros. En una época en que la agricultura era la base de la economía y el hambre una posibilidad nada remota se diseñaron grandes presas en el mundo.

  La Gaceta de Madrid, antecesora del BOE, está plagada de concesiones de caudal para producción hidroeléctrica en las primeras décadas del siglo. Los cursos altos de los ríos se van poblando de presas, en general, pequeñas; ejemplo de ello el sistema hidroeléctrico ejecutado por Iberdrola, o su antecesora, en el alto Cinca, el complejo con centro en Lafortunada. En esa época se diseñan también los grandes embalses del prepirineo.

   Tras la guerra civil, se acelera la fase de los grandes pantanos, asociados al progreso, con imagen de Franco en el NODO. Podríamos darle fecha de finalización en 1983, con el desalojo de Riaño por las fuerzas de orden público. Aunque luego han seguido construyendo en Rialp, Itoiz y otros. De esa época autoritaria son Yesa, Mediano, El Grado y buena parte de los más grandes.

   A la tercera fase no debiéramos haber llegado, quizá quieren inaugurarla en Itoiz y los proyectos oscenses: Santa Liestra, Jánovas, Biscarrués y Yesa. Su destino ya no parece tan claro como la luz y el riego. La interconexión de cuencas o la venta de derechos concesionales añaden más emoción al dinero que mueven. Es el gran negocio de la obra hidráulica que se teñirá de verde y, como siempre, progreso,  para que la sociedad lo acepte sin preguntar mucho. La Ministra de Medio Ambiente habla en Europa y escribe en la prensa nacional sobre la nueva cultura del agua como si ya hubiera cambiado o no quedaran graves decisiones sobre nuestros últimos ríos. El presidente de una Comunidad General de regantes habla tranquilamente sobre la posibilidad de vender los sobrantes que habrá en Yesa si se recrece en 1000 hm3. Y otro presidente presiona para pedir Biscarrués, en el Gállego, y Jánovas, en el Ara, para completar la obra iniciada a principios de siglo: el riego de Monegros. Resulta curioso que esto, el proyecto inicial de Riegos del Altoaragón hablara sólo de dos grandes presas: La Sotonera y Mediano para 3000.000 ha; después se reducen a 172.000 ha pero se añade otro embalse, El Grado. Hoy está claro que la reducción de hectáreas será mayor, pero se solicitan dos pantanos más. Es el cuento de nunca acabar: ha sucedido en otras partes del planeta. Los polacos que hoy defienden el Vístula, uno de los grandes ríos europeos, dicen lo mismo: el proyecto de gran presa pendiente allí aguas arriba de la ya construida se justifica por los defectos de la primera; y cuentan que, si se hace esta segunda, será necesaria una tercera, porque, en realidad, ya se pensó así desde el principio. Cuando se hizo Yesa, se comenzó a hablar de su recrecimiento; el actual proyecto de Jánovas esconde, poco, su recrecimiento posterior; la ubicación de Santa Liestra tiene mucho que ver con la posibilidad de recrecerlo. Es normal, tras despoblar una zona, es más fácil terminar de rematar lo poco que queda que intentarlo en otro lugar. Y será siempre la historia de nunca acabar porque pretendemos llenar una bañeras que no tienen tapón. En muchos casos porque la necesidad de almacenar agua para riego está maniatada por concesiones eléctricas: El Grado y La Sotonera son ejemplos de ello. En otros casos la falta de tapón se produce por la insaciable petición de más y más agua para extender un regadío de dudosa rentabilidad.

   Las cuentas de los patrimonios por hundir no salen. ¿Cuánto cuesta de verdad un embalse? ¿Qué vale un río? Alguien tendrá que echar las cuentas que la administración no se atreve a emprender. El patrimonio del mundo cuenta con 40.000 grandes presas, el español con 1300. Ha llegado la hora de la eficiencia en su uso, de poner tapones en las bañeras si queremos llenarlas.

 

LA HUMANIDAD

   Las zonas de montaña, en Aragón y en el mundo, han visto como al terminar un embalse, con el agua se iba la población. Es un efecto dominó de gravísimas consecuencias, al localizarse en zonas de baja densidad de población por razones orográficas y escasa adaptación a la economía que se desarrolla durante la segunda mitad del siglo XX.

   Si sumamos las expropiaciones de los embalses pirenaicos de Yesa, La Peña, Canelles, Mediano, El Grado, Bubal, Lanuza y el no construido de Jánovas, suman 3.164 personas. Pero esto resulta ser sólo la punta del iceberg; el ejemplo de Jánovas sirve para mostrarlo, valdrían también otros de los nombrados. Por debajo de la cota a expropiar fueron obligados a marchar 224 habitantes de Jánovas, Lavelilla y Lacort. Pero el Estado, vía Patrimonio Forestal, adquirió el valle lateral de La Solana, que quedaría incomunicado por el embalse, con el éxodo de otras 300 personas; y la empresa compró los patrimonios que pudo alrededor del vaso, con lo que hay que sumar otras 150 personas aproximadamente. Al faltar la gente, los pequeños centros comerciales a los que acudían, como Boltaña, sufrieron su propio éxodo después por falta de clientes. Y al efecto dominó se unió la dejadez de la administración con el entorno inmediato. Se expropiaron en Jánovas a dos centenares de personas, pero probablemente se acabó marchando una cifra cercana al millar. Cuentas parecidas pueden hacerse en otras presas.

   Hoy quieren limarse oposiciones añadiendo ceros al cheque de las compensaciones para los que estamos alrededor miremos hacia otro lado. Gran parte de la culpa se debe al sistema de toma de decisiones para la planificación hidráulica. El Pacto del Agua (acuerdo de las Cortes de Aragón de 1992, hoy incluido en el PHCE, aprobado en 1998) se aprobó sin la más mínima consulta a las zonas afectadas, ni a los ayuntamientos ni a la gente. Gentes que debían ser expropiadas de nuevo por lo que allí pusieron se enteraron por la prensa una vez aprobado el documento. Los intereses creados y por crear danzan alrededor del lobby formado por las cúpulas de empresas eléctricas, organizaciones de regantes, ingenieros que tienen en la CHE su casa y políticos a la búsqueda del voto. Al resto de la sociedad, incluidas poblaciones de montaña y especialistas en estos temas se les deja la vía del pataleo: manifestaciones, actos de protesta y jornadas al margen de los planificadores. Es el diálogo de sordos que vemos todos los días en la prensa de nuestra provincia.

   La Ley de Aguas exige la planificación hidráulica como paso previo a la construcción de más presas. La administración, a través de la Secretaria de Estado de Aguas y de las confederaciones hidrográficas, elude el problema diseñando unos planes hidrológicos en los que se recoge toda obra hidráulica imaginable, vaya o no vaya a hacerse. Se planifica todo y así, hágase lo que se haga, será legal. Por eso los PH inflan la cifra de nuevas hectáreas a regar hasta llegar al millón, para cuadrar unas cifras imposibles. Tan mala ejecución en la planificación y toma de decisiones se enmarca con tomos de cifras, gráficos y mapas. Como los ingenieros de Vajont, que hicieron una presa perfecta, olvidándose que lo importante no era el hormigón sino la gente.

   En el Congreso Internacional sobre Grandes Presas desarrollado en Bratislava el pasado enero, pudimos darnos cuenta de lo que nos temíamos: en todas partes cuecen habas de forma parecida; ya sean habitantes rurales de la Europa del este, indios de sudamérica o indios del pirineo, las zonas de montaña, con apoyo de poblaciones urbanas, se rebelan contra la injusticia. La protección del medio ambiente y la defensa de los derechos humanos se enlazan en una pelea común de la razón contra el poder. Montaña y montañés, Jánovas y el río Ara, resultan ser las dos caras de la misma moneda. De allí, de Bratislava, nos trajimos varios apuntes.

-         las grandes compañías occidentales abandonan la construcción de grandes presas en Europa y Norteamérica y apuntan al resto del mundo. Excepción: la península Ibérica y Turquía, donde se comienza a decir que es debido a su condición de países secos; lástima que también son excepción los países del este de Europa donde la humedad les sobra. Y es que en aquellos lugares donde no se ha producido la debida reconversión mental siguen teniendo la sartén hidráulica por el mango los mismos, o las mismas ideas que hace cincuenta años. Ciertos políticos españoles  parecen instalarse cada vez más en la hidroesquizofrenia de ofertar más y más agua, empujando a la opinión pública para que pida.

-         Otra lección: en todas partes se argumenta que esto es el progreso y los que ven, y dicen, como en el cuento, que el rey va desnudo somos unos reaccionarios. Excepto cuando el vuelco mental se produce y la situación económica lo propicia; entonces son los gobiernos los que parecen ponerse delante, como en Francia o en USA y deciden que lo importante es conservar los ríos que nos quedan y restaurar lo que se pueda, al menos en apariencia.

   En todo el mundo, en los últimos años, la oposición a una gran presa, como otros problemas, sirve de catalizador para la recuperación de la dignidad de las minorías; así en Hungría al final del comunismo, así en el valle indú del Narmada, así en Slovakia, así parece en el pirineo oscense. Aunque ver la pequeña grandeza de las oposiciones a presas en todo el mundo, no debe hacernos olvidar que en gran medida ésta también ha sido la historia de mirar hacia otro lado, con tal de que no me toque a mí: así fue en Jánovas y así fue en la mayor parte de los pueblos afectados. La administración o la gran empresa privada dedicándose al divide y vencerás; mientras las poblaciones del entorno y parte de los vecinos intentaban mirar hacia otro lado para no enfrentarse con poderes grandes y lejanos.

   El gobierno del Canadá se retiró oficialmente, en 1993, del proyecto de la que será la mayor presa del mundo: la china de las Tres Gargantas. Se retiró porque no podía asumir la responsabilidad de realojar a un millón de personas. Buen ejemplo para otros ejemplos más pequeños. En fin, creo que fue Heráclito hace 2000 años quien dijo que no puedes bañarte dos veces en el mismo río. El último gran embalse construido en Aragón lo fue hace treinta años; el mundo ha dado muchas vueltas desde entonces, las ideas van cambiando, la interconexión de los que nos oponemos  es mucho mayor que entonces. Quienes siguen anclados en el glorioso pasado del progreso del hormigón no van a bañarse en el mismo ríos que hace treinta años, sino en otro diferente producto del cambio social. Y el baño, de construirse otra presa más en el Pirineo, no nos gustará a nadie. Si la hacen, será la última; si no, también será la última. Está pasando lo mismo en otras partes.

 

LOS RÍOS, ¿PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD?

   Al principio hablamos de algunas enfermedades de los ríos provocadas por la construcción de grandes presas: sangría persistente, pulso defectuoso y empobrecimiento de la sangre. Estos ejemplos apuntan a una metáfora bastante atinada: los ríos son las venas del paisaje. Y por seguir con el símil creo que todas las partes del cuerpo necesitan de la sangre que circula por las venas, pero ninguna debe erigirse en su única propietaria. Lo que, dicho sea de paso, no ocurre con los ríos.

    Para que realmente sean patrimonio de la humanidad, habrá que revisar las concesiones, porque ya está todo repartido. Volvamos a nuestro ejemplo más cercano: los caudales del río Ara son de la empresas eléctricas desde 1917; más exactamente, de 1917 a 1945 pasó de mano en mano hasta la llamada “Aplicaciones Industriales S.A.”,  desde 1945 a 1993 de Iberduero SA, hoy Iberdrola y desde 1993 a hoy de ENDESA, vía Eléctricas Reunidas de Zaragoza. ¿Cómo va a ser el Ara patrimonio de la humanidad siendo patrimonio de las eléctricas?  El resto de la aguas de los ríos Cinca y Gállego, salvo derechos preexistentes, son de Riegos del Altoaragón desde principios de siglo.

   Además de revisar y actualizar concesiones, concediendo la parte principal al propio río, debería cambiar la mentalidad que alaba la obra faraónica y el progreso del hormigón. Difícil, aunque no imposible. El secretario de interior de los EE.UU., con rango equivalente a ministro, Bruce Babbit, recorrió hace año y medio su enorme país en lo que el gobierno denominó la Gira de la Maza (sledgehammer tour). Con amplio seguimiento de los medios de comunicación se dedicó a posar para la foto encima de pequeñas presas obsoletas que iban a ser demolidas para recuperar un tramo de río para la vida provisto con una maza y en ambiente festivo. Se han demolido 500 pequeñas presas. Poco antes, en 1994, el presidente de la administración responsable de la gestión de embalses había declarado: “the dam building era in the United States is now over”, o sea, la era de las grandes presas ha terminado. La última gran presa proyectada en el Loira, en Francia, se abandona por otras medidas en la gestión del agua en las mismas fechas.

   Claro que el secretario americano antes citado, además del show televisivo, tiene bastante clara la política de su gobierno en temas de aguas; y que, nos guste más o menos, consiste en el abandono definitivo de la construcción de nuevas presas, la retirada de las más obsoletas, la restauración de riberas y tapar tres agujeros por los que, en su opinión, se escapa el agua: uno, el de la eficiencia que, además de otras medidas, pasa por pagar el agua que se consume; dos, el de la flexibilidad, introducir mercados de concesiones de agua, eso que tan mal nos suena, para que lo que ya hay embalsado se use para lo más rentable; y tres, aprovechar los acuíferos. Todo esto lo dice el gobierno de los USA, no COAGRET.

   Aunque nos guste criticar a los norteamericanos, lo cierto es que ni en sueños he podido imaginarme a la ministra de medio ambiente de España, maza en mano, encima de una presa declarando que la era de las grandes presas ha terminado en nuestro país.

   Pero en fin, todo se andará. De momento la protección de los últimos ríos o tramos de ríos choca con varias dificultades. Las figuras  a emplear (parques, reservas, monumentos y otras) son de difícil aplicación a estos parajes lineales. En parte porque se ha instalado la percepción de la importancia de preservar una especie animal, sin contar con su ecosistema. Sería, además, necesario comenzar a ver los ríos como organismos vivos complejos, cuando, de momento y como ya he dicho antes, vemos un grifo, una tubería y un desagüe. Algunos analistas hablan de  la necesidad de gestionar los ríos frente a la monolítica de controlar el agua que hasta ahora ha sido.

   Además de concesiones, mentalidad de grifo, difícil encaje de figuras de protección; además hay que ser valiente para decir la verdad. Mientras los dirigentes de las comunidades de regantes piensan que embalses, cuanto más grandes mejor, las administraciones, central y autonómica, animan por el mismo camino mientras piensan en llenar la hucha: hacer nuevas grandes presas con las que acrecentar el poder económico sobre los recursos, en este caso naturales. Así mal vamos.

   Pero hay que ser prácticos, o, dicho de otra manera, pensar globalmente y actuar localmente. La sociedad civil tendrá que organizarse para defender los territorios de la montaña. Nosotros, aquí en Sobrarbe, tendremos que profundizar para rescatar una concesión eléctrica y devolvérsela al río, o sea, a la humanidad; tendremos que ganarnos a la opinión pública y fomentar la implicación de las administraciones locales para que el desbloqueo pueda producirse; tendremos que tejer la no oposición de las mayorías parlamentarias para que no obstaculicen la solución; y tendremos que lograr que el Ara sea un río protegido para que pueda comenzar a ser restaurado y respetado. Tanta faena que es imposible hacerla en solitario. Pero creo firmemente que no estamos solos.

   He leído que fue el historiador griego Herodoto quien dijo que el Nilo, el gran río norteafricano, nacía en las nubes, por eso no encontraban sus fuentes. Qué curioso, tan lejos el uno del otro, el Nilo y el Ara, y nacen en el mismo sitio. Por eso, quizá, los ríos deben ser patrimonios de la humanidad.

 

EL RÍO ARA ES DE TODOS, ¡QUÉ NO NOS METAN EN EL BOTE!

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