DINÁMICA AMBIENTAL DEL RÍO ARA: LA COMPLEJIDAD DE UN SISTEMA FLUVIAL DE MONTAÑA

Equipo de Geografía Física, Universidad del País Vasco 
Coordinación: Alfredo Ollero Ojeda
Profesores e investigadores: Guillermo Meaza Rodríguez, Orbange Ormaetxea Arenaza, José Antonio Cadiñanos Aguirre, Maria José González Amuchastegui, Elena Díaz Bea, Askoa Ibisate González de Matauco
Colaboradores: Eduardo González Otazua, José Antonio Laguía Delgado, Luis Alberto Manero Oliva, Lorena García Arraiza, Virginia Revuelta Diego, Raúl Vadillo Landajuela, Miguel Angel Lozano Valencia, Izaskun Jorge Totorika, Edelio Domínguez Fernández, David J. Aramburu Hernáez, Susana Pérez Manchado.

INTRODUCCIÓN

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EL RÍO ARA Y SU CUENCA

LA DINÁMICA DEL CAUCE COMO INDICADOR DE LA DINÁMICA AMBIENTAL DE LA CUENCA

ALGUNAS PROPUESTAS DE ORDENACIÓN PARA LA CONSERVACIÓN DE LA DINÁMICA AMBIENTAL DEL SISTEMA FLUVIAL ARA

REFERENCIAS Y TRABAJOS CONSULTADOS

INTRODUCCIÓN

Desde octubre de 1996 se trabaja en el proyecto de investigación Estudio hidrológico, jurídico, ecológico y económico de los recursos hídricos de la cuenca del Cinca para el diseño de un modelo de gestión sostenible (CYCIT, Programa Nacional de Recursos Hídricos, HID96-1882), dirigido por Javier Martínez Gil, en el que participamos varios profesores –hidrogeólogos, economistas, biólogos, juristas y geógrafos- de las universidades de Zaragoza y el País Vasco.

El Cinca y sus afluentes han sido intensamente aprovechados para uso hidroeléctrico y cuentan con tres grandes embalses –Mediano, El Grado, Barasona- que, como otros casos en el Pirineo y otras zonas de montaña, han originado notables impactos ambientales en su entorno directo, han modificado los caudales naturales y el funcionamiento de los sistemas fluviales y han acelerado el despoblamiento y la desvertebración territorial (García Ruiz, 1977; García Codrón y Bermejo, 1988; Lasanta y Nicolau, 1988; Ollero, 1994, 1997; García Codrón, 1995).

El proyecto de investigación tiene como principal objetivo el logro de un modelo de desarrollo sostenible para la cuenca alta del Cinca y la propuesta de alternativas que eviten la construcción de dos nuevos embalses proyectados, Jánovas y Santa Liestra, poco justificados y altamente impactantes. Dentro de este objetivo general del proyecto, al equipo de especialistas en Geografía Física (Universidad del País Vasco) se nos encomendó fundamentalmente colaborar en el estudio ecológico, así como labores de integración de los distintos temas en el espacio y la correspondiente cartografía temática de los mismos. Concretando, estamos desarrollando nuestra labor investigadora en función de los siguientes objetivos específicos:

-Definición de unidades homogéneas de paisaje fluvial, estableciendo tramos que sirvan de elementos de referencia espacial para los muy diversos temas de estudio.

-Descripción y cartografía de los distintos tramos o unidades fluviales homogéneas, con especial atención a los caracteres de las cuencas vertientes, los procesos geomorfológicos en las mismas y en los cauces, la vegetación de ribera, la inundabilidad, los usos humanos que inciden en los cauces y los valores paisajísticos.

-Valoración de la potencialidad de cada unidad fluvial homogénea de cara a actuaciones presentes y futuras: infraestructuras hidráulicas, usos recreativos, protección, etc.

-Integración y aplicación de todos los aspectos estudiados para su contribución al objetivo general del proyecto: el desarrollo sostenible de la cuenca del Cinca.

En suma, tratamos de establecer una caracterización de la dinámica ambiental del sistema fluvial Cinca y sus afluentes que sirva de apoyo en la definición de tramos homogéneos de cara a la aplicación de fórmulas valorativas que conduzcan a la definición de potencialidades y zonificaciones en el marco de la ordenación del territorio y el desarrollo sostenible.

Para ello, se comenzó definiendo, con criterios paisajísticos y de dinámica fluvial, tramos homogéneos en la red del Cinca y sus principales afluentes, resultando 50 tramos: 10 en el Cinca, 4 en el Cinqueta, 4 en el Bellós, 8 en el Ara, 6 en el Vero, 12 en el Ésera y 6 en el Isábena. La longitud total de los cauces de esta red principal es de 450 km, por lo que la longitud media de cada tramo es de 9 km, aunque son muy diversos entre sí.

El trabajo de campo ha sido fundamental para el desarrollo de las distintas fases y temáticas del proyecto. El mismo ha sido reflejado en una serie de fichas de campo que se han aplicado a cada uno de los 50 tramos fluviales homogéneos. Dichas fichas reúnen la totalidad de la información previa a la valoración de tramos: características de cuenca y valle, procesos de vertiente y producción de sedimentos, parámetros visuales: calidad y fragilidad, dinámica fluvial: cauce menor y zona inundable, parámetros socioeconómicos y culturales. En la última fase del trabajo pretendemos definir la potencialidad de cada tramo de cara a un futuro uso escénico, deportivo, energético u otros aprovechamientos. Para ello, se parte de una valoración de cada tramo en función del caudal, la morfología del cauce y del valle, la calidad y fragilidad de los ecosistemas, la calidad y fragilidad del paisaje, la presión humana (población, infraestructuras y usos), la presencia de elementos culturales singulares y el grado de riesgo.

La investigación se encuentra en un estado muy avanzado pero a falta de su fase definitiva, por lo que sólo contamos con resultados parciales y falta el análisis global final que es el que resultará útil para la planificación. Queremos destacar el esfuerzo metodológico realizado, como ejemplo de tratamiento de sistemas fluviales de montaña.

EL RÍO ARA Y SU CUENCA

Con 67 km de longitud es el único de los grandes ríos pirenaicos en el que no se ha instalado aún ninguna presa. Sin embargo, desde comienzos de siglo existe el proyecto del embalse de Jánovas, concebido para la regulación del Cinca (innecesaria con Mediano y El Grado) y para uso hidroeléctrico. La presa se instalaría en el inicio del congosto de Jánovas, en el que el Ara corta transversalmente los estratos calizos del anticlinal de Boltaña. Pese a que se trata de un embalse sin realizar, la mayor parte de sus afecciones socioeconómicas se están sufriendo desde hace más de tres décadas: la expropiación en los años sesenta, la expulsión a la fuerza, la destrucción y el abandono total de una pequeña comarca: 700 personas que tuvieron que dejar 17 pueblos. Hoy en día lo más grave es que con Jánovas se rompería el último gran corredor fluvial del Pirineo no represado, un corredor que debería protegerse de forma integral, asociado al Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido (Ormaetxea et al., 1999). Los beneficios hidroeléctricos creemos que no justifican una obra de enorme impacto paisajístico y cuyo impacto social fue enorme.

En el diccionario de Pascual Madoz (1845-50) se dice del Ara que “es diferente de todos los ríos de las montañas, imitando más bien a los de las llanuras, pues corre mansamente y por lo tanto todo este tránsito es llano y despejado fuera de un trozo de Sernobal (...) A impulso de sus aguas se mueven las ruedas de muchos molinos harineros y batanes; también se fertilizan con ellas algunas tierras, pero podría aprovecharse mucho más a poco coste, abriendo acequias y haciendo grandes praderías para lo que es a propósito el terreno de sus inmediaciones, y con ello se convertiría en un país ameno y fértil, el que hoy es árido y miserable. Cría abundantes truchas entre las que hay de 7 y 8 libras, barbos y multitud de anguilas, aunque muy pequeñas.”
   También cuenta Madoz una curiosidad del Ara: “Se cree con bastante fundamento que en la sierra de Jánovas se filtra por entre las grandes cavernas que en ella se descubren y da origen a la muy nombrada fuente que nace en el barranco de Rodellar, llamada Mascún, al pie de la sierra de Guara (...) Cuando crece el río Ara la expresada fuente aumenta el caudal de agua que en ella brota, y cuando las avenidas del Ara arrastran hojas de haya, la fuente presenta las mismas hojas.”

Empleando datos de García Ruiz et al. (1985), por Torla el Ara presenta un caudal medio de 8,5 m3/s que suponen una aportación de 269,1 Hm3, con un régimen nival de máximo en junio. En Fiscal la aportación es de 453,1 Hm3 y el caudal de 14,3 m3/s. En Jánovas se alcanzan los 635,11 Hm3 y un caudal medio anual de 20,1 m3/s. El régimen es pluvio-nival con estiaje veraniego, mínimo secundario en enero y dos máximos similares, uno otoñal y otro entre marzo y junio. En Boltaña el Ara registra 681,5 Hm3 de aportación y 21,6 m3/s, un caudal muy similar al del Ésera en Graus. El papel de la retención-fusión nival es importante por las altitudes de la cabecera, quedando incluso algunos neveros permanentes, restos glaciares muy reducidos a lo largo del presente siglo. El proyecto de Iberduero señala una aportación media para el río Ara en Jánovas de 575,1 Hm3 (serie 1946-82), con valores extremos anuales de 1.286,3 Hm3 y 254,7 Hm3.

La cuenca del Ara, con una superficie de 718 km2, se instala en la parte central del Pirineo Aragonés. Entronca en el macizo de Vignemale (3.303 m) y en una elevada alineación con varios picos por encima de los 3.000 m hasta las Tres Sorores (Monte Perdido, 3.355 m), en la cabecera de su afluente Arazas (Valle de Ordesa). Por el Oeste queda separada de la cuenca del Gállego por una divisoria que recorre Tendeñera (2.853 m), el puerto de Cotefablo y los montes Erata (2.005 m) y Oturia (1.920 m). Al Este, la divisoria con el Cinca sigue la sierra Custodia (2.504 m), el Mondiciero (2.392 m), la localidad de Fanlo, la sierra Bolavé (1.894 m) y la de San Miguel (1.775 m). Al Suroeste, queda separada de las cuencas del Basa y del Guarga, afluentes del Gállego, por las sierras de Canciás (1.928 m) y Gabardón (1.803 m).

La cuenca del Ara presenta toda la amplia variedad de formaciones geológicas y formas de relieve que caracterizan a la cadena pirenaica. El Pirineo axil está representado en la cabecera del Ara, aguas arriba de Bujaruelo. Aflora en el extremo noroccidental el borde del batolito granítico paleozoico de Panticosa. Lo rodean materiales paleozoicos metamórficos -calizas, cuarcitas y pizarras- afectados por la orogenia herciniana y más adelante por la alpina y por el modelado glaciar cuaternario (valle en artesa de Otal), que culminan en el macizo de Vignemale. Las Sierras Interiores, calizas, del Cretácico y del Eoceno, plegadas en la orogenia alpina de forma intensa (pliegue tumbado de Torla), son cortadas transversalmente por el Ara en el congosto de Bujaruelo o garganta de los Navarros. El Monte Perdido (3.355 m) es la cumbre del macizo calizo más alto de Europa. Al modelado glaciar se une la intensa karstificación. La banda de flysch, litología constituida por estrechos estratos muy replegados de calizas, areniscas y margas, ocupa una notable superficie, extendiéndose en todo el sector central de la cuenca (Valle de Broto y Solana de Burgasé). La litología flyschoide ha condicionado un país de intenso abarrancamiento con presencia de relieves en cuesta. Son interesantes las formas de modelado periglaciar, con extensos canchales y grèzes litées. También destacan los depósitos fluviales del Ara en Broto y Sarvisé, con dos niveles de terraza, y los enormes conos de deyección de los barrancos, destacando por sus dimensiones el del Chate. Se distinguen en la zona de Torla y Broto depósitos morrénicos colgados hasta 300 m sobre el valle actual.

La Depresión Media Intrapirenaica está fragmentada en este sector central del Pirineo por un eje anticlinal N-S transversal a la estructura normal. Es el anticlinal de Boltaña, conformado por gruesos paquetes de calizas lutecienses, tajadas por el Ara en el congosto de Jánovas. El relieve anticlinal compartimenta la Depresión en dos sectores: Fiscal-Jánovas y Boltaña-L’Aínsa. En la primera de ellas afloran las margas azules del Eoceno, con procesos de acarcavamiento en algunos sectores. Los depósitos fluviales cuaternarios alcanzan notables dimensiones, distinguiéndose dos niveles en las terrazas del Ara entre Fiscal y Jánovas. Al Sur del valle de Fiscal-Jánovas, las sierras de Canciás y Gabardón constituyen relieves conglomeráticos oligocénicos sobre terrenos continentales areniscosos del Eoceno, es decir, estructuras similares a las más occidentales de San Juan de la Peña y Oroel.

El río Ara hasta Boltaña ha drenado un 28,19% de terrenos calizos, 1,64% de graníticos, 5,97% pizarrosos, 7,68% margosos, 9,03% areniscosos, 2,30% conglomeráticos y 45,16% de flysch (D.G.A., 1988). Los procesos erosivos no son importantes por el buen estado y superficie de la cubierta vegetal, a pesar de la intensidad de los procesos generados por las acciones del hielo-deshielo, la notable pluviosidad, las fuertes pendientes y la deleznabilidad de litologías muy representadas, como el flysch o en mucha menor medida las margas. De acuerdo con el Mapa de Niveles Erosivos (ICONA, 1987), en toda la cabecera hasta Torla la erosión es mínima, por debajo de 12 tm/ha/año (en Ordesa es inferior a las 5 tm/ha/año). En el sector de cuenca vertiente entre Broto y Fiscal la erosión también es poco acusada, destacando únicamente algunas zonas en la cuenca alta del barranco de Forcos, donde se alcanzan las 50 tm/ha/año. El punto más problemático son las laderas de solana del monte Campaneta, sobre la localidad de Buesa, donde se superan las 100 tm/ha/año. El propio valle del Ara y el del Chate presentan índices muy bajos debido a su densa cubierta vegetal. El sector de cuenca entre Fiscal y Jánovas presenta una situación similar, si bien en ambas laderas hay amplios sectores que superan las 25 tm/ha/año. Para el conjunto de la cuenca del Ara se estima una pérdida media de 17 tm/ha/año.

El valle del Ara presenta huellas glaciares desde Vignemale y Monte Perdido hasta las proximidades de Asín de Broto. Es decir, hace unos 60.000 años, en el máximo glaciar, la lengua de hielo que descendía por el valle procedente de los circos de la cabecera alcanzaba casi 30 km de longitud. Había dos lenguas principales, la del Ara y la de Ordesa, que confluían en el Puente de los Navarros. En Ordesa el hielo alcanzaría un grosor de 800 m. Hay restos morrénicos destacables en Diazas, Linás de Broto, Buesa y Chate, que demuestran cómo la lengua de hielo iba disminuyendo su espesor: 480 m a la altura de Torla, 370 m en el valle del Sorrosal (Linás), 250 m en Buesa y 150 m en el Chate.

Por lo que respecta al clima actual, las temperaturas medias anuales oscilan entre los 12oC del fondo del valle del Ara en su curso bajo y los valores negativos por encima de los 2.800 metros de altitud, nivel de la isoterma de cero grados. Las precipitaciones medias anuales superan los 1.700 mm en las cumbres de cabecera y son de 1.356 mm en Torla, 1.048 mm en Jánovas y 1.066 mm en Boltaña (serie 1953-82). Para el Estudio de Recursos de la Cuenca del Ebro (CHE) se estimó para el conjunto de la cuenca vertiente hasta la cerrada de Jánovas una precipitación media anual de 1.355 mm y una evapotranspiración potencial de 531 mm anuales, por lo que la aportación específica se cifraría en 874 litros por metro cuadrado.

Hay recursos hídricos subterráneos en los depósitos de calizas masivas y en el flysch. Destaca la Unidad Ordesa-Monte Perdido, que drena tanto hacia el Ara como hacia el Cinca. El recurso se calcula en 160 Hm3, la reserva anual en 400 Hm3 y el drenaje, principalmente a los ríos Arazas y Ara, en 160 Hm3/año. El uso de estas aguas es insignificante, no hay problemas de calidad, la mineralización es débil y la dureza media. La Unidad Alto Sobrarbe, en el anticlinal de Boltaña, presenta una recarga anual y recurso que se evalúa en 18 Hm3, la reserva en 336 Hm3 y el drenaje en 18 Hm3/año.

Si algo caracteriza a la cuenca del Ara es la notable cubierta arbórea, la presencia de extensos bosques, que representan un 47,4% de la superficie del término de Broto, un 60,6% del municipio de Fiscal y un 28,6% del de Torla (D.G.A., 1988). En total, la superficie de la cuenca vertiente a la cerrada de Jánovas está conformada por 15,6% de matorral, 38,9% de coníferas, 3,9% de frondosas, 23,8% de pastizal, 14,6% improductivo y el 3,2% está cultivado.

Existe una amplia diversidad de ecosistemas, de los que se habla en otros artículos, diferenciados por condicionantes altitudinales, de exposición y edáficos: ambiente mediterráneo en laderas de solana de margas y flysch y del congosto de Jánovas,  ambiente submediterráneo en sectores del fondo del valle y de la Solana de Burgasé, piso montano inferior, piso montano húmedo, alta montaña, roquedos sin vegetación y riberas.

Desde el punto de vista ecológico y paisajístico, los elementos más valiosos de la cuenca del Ara son las espectaculares formas de relieve de la cabecera, resaltadas por la impronta glaciar, los densos y extensos bosques de toda el área, especialmente los pinares de pino silvestre y los enclaves de frondosas en umbría, el congosto de Jánovas y el cauce del Ara. Son elementos naturales valiosos por su representatividad o singularidad en el Pirineo central.

LA DINÁMICA DEL CAUCE COMO INDICADOR DE LA DINÁMICA AMBIENTAL DE LA CUENCA

El sistema fluvial es el mecanismo de movilización o conducción superficial de las aguas continentales, acompañadas de los materiales que transportan, en la dirección de la pendiente hasta que son vertidas en los océanos. No es sólo un mecanismo hidrológico, sino también geomorfológico, ya que el agua es el principal agente de modelado en la superficie de los continentes.

Existe, por tanto, un sistema fluvial general, con mayúsculas, como mecanismo global, pero cada cárcava, cada arroyo, cada barranco, cada río, cada uno de sus tramos, toda una red de drenaje, toda una cuenca hidrográfica con sus vertientes y sus cauces, todo ello son sistemas fluviales. Por eso hablamos de sistemas fluviales en plural -quizás sería más correcto considerarlos subsistemas-, porque son muy variados en sus dimensiones y caracteres, aunque coinciden en lo fundamental: en todos ellos el agua -más o menos abundante, permanente, discontinua o esporádica- se moviliza a favor de la pendiente; en todos ellos hay procesos geomorfológicos de erosión, transporte y sedimentación; en todos ellos hay vida -y también, casi siempre, intereses socioeconómicos- porque hay agua. Son sistemas abiertos, enormemente dinámicos en el espacio y en el tiempo y considerablemente complejos, de manera que las interrelaciones entre elementos son innumerables y, por más que nos esforcemos, imposibles de estudiar y comprender totalmente.

En un punto concreto de un sistema fluvial cualquiera los elementos y procesos que interactúan son, por tanto, los siguientes:

a) Las características de toda la cuenca vertiente hasta ese punto, que condicionan el funcionamiento hidrológico del sistema en ese punto:

•Caracteres climáticos: distribución, intensidad y régimen estacional de las precipitaciones, retención nival y fusión. Las condiciones térmicas y el viento introducen pequeñas matizaciones.

•Topografía: altitudes, orientación, pendientes.

•Litología, que presentará un comportamiento diferencial respecto a la escorrentía.

•Cómo se comporta el agua en el suelo y también los caracteres hidrogeológicos (almacenamiento y circulación subterráneas).

•Su geomorfología y en especial la organización de la red de drenaje y las características de los distintos cauces jerarquizados.

•Sus características biológicas -especialmente la tipología y densidad de la cubierta vegetal- y edáficas.

•Todos los elementos y usos humanos de la cuenca.

b) Las características ambientales del punto concreto, que no inciden en la hidrología sino en la forma y dinámica del cauce y en el paisaje ribereño:

•La geomorfología del valle en el que se instala ese punto del sistema.

•El caudal líquido (agua) y sólido (sedimentos transportados) en ese punto.

•Las características y desarrollo de los ecosistemas acuáticos y ribereños.

•Las actuaciones humanas sobre el cauce y las riberas (usos del suelo, defensas, infraestructuras).

•La interacción de los cuatro elementos citados genera la dinámica del sistema en ese punto concreto, dinámica que va a condicionar el funcionamiento del sistema en ese punto en el futuro inmediato y también en otros puntos próximos aguas arriba y aguas abajo.

c) Por último, y en menor medida, también interviene en el sistema lo que ocurra aguas abajo. Sobre todo en lo que concierne al nivel de base de un tramo concreto o del punto de desembocadura del sistema, un nivel de base que puede sufrir modificaciones (transgresiones y regresiones marinas, rupturas de pendiente, un embalse, etc.).

El eje fluvial, y cualquier punto o tramo del mismo, por tanto, es una compleja interfase litosfera-hidrosfera-biosfera-antroposfera. Como tal interfase, allí se concentra máxima información, pero también problemas y conflictos. Es el paisaje fluvial, representación ambiental de todo este entramado de relaciones.

El río Ara es un sistema fluvial que responde al esquema general presentado. Es un sistema dinámico y complejo que responde en líneas generales a la tipología propia de un río de montaña. Lo más destacable del Ara como sistema fluvial es su considerable naturalidad, derivada de varios factores: la escasa población de su cuenca, el predominio de actividades humanas poco impactantes, la presencia de amplias zonas protegidas en su cabecera y la ausencia de represamientos a lo largo del cauce principal de la cuenca. No obstante, hay algunos elementos que distorsionan dicha dinámica: los cambios de uso del suelo que han tenido lugar en la segunda mitad del s. XX (abandono de campos y prácticas tradicionales, repoblaciones forestales, incremento del turismo, etc.), la presencia de presas de sedimentos en algunos afluentes del Ara, la proliferación de obras de defensa en el cauce en Broto, Boltaña y L’Aínsa, el incremento de la población estival, etc. Un ejemplo puntual de distorsión de la dinámica natural fue el causado por la ataguía de Jánovas incrementando la crecida de diciembre de 1997.

El análisis de fotografías aéreas de distintas fechas y el estudio detallado de las formas del cauce del Ara y de los sedimentos arrastrados por la corriente nos permite comprender la dinámica de este sistema fluvial tanto en el espacio como en el tiempo.

En el espacio se observa una gran diversidad de tipos de cauce siguiendo el perfil longitudinal. Así, desde la pendiente cabecera, con tramos de rápidos y cascadas, se pasa por un par de rellanos glaciares hasta Bujaruelo. El encajamiento de la garganta de los Navarros, donde el río aún es capaz de arrastrar grandes bloques da paso a un valle más abierto en Torla, donde el cauce serpentea aún con moderada pendiente. Aguas debajo de Broto recibe dos afluentes que le aportan gran cantidad de sedimentos, Yosa y Chate, y a favor de los grandes conos de ambos barrancos y de la apertura del rellano glaciar (hasta aquí llegó la lengua de hielo wurmiense) se desarrolla un cauce que llega a superar los 500 m de anchura. Es un cauce con múltiples brazos (trenzado) y una gran complejidad sedimentaria, que constituye un ejemplo único por sus dimensiones en todo el Pirineo. Desde el barranco Forcos hasta Fiscal el valle se encaja un tanto y el cauce meandriza habiendo dejado colgadas algunas terrazas fluvioglaciares. Entre Fiscal y Jánovas encontramos un cauce de meandros en un valle amplio con terrazas y extensas barras de sedimentos, tanto en las orillas como en el centro de la corriente. Estos sedimentos son ya notablemente más pequeños de la cabecera, pero aún se constata la presencia de bloques de gran tamaño que demuestran que las crecidas han tenido su importancia, y que el río conserva una torrencialidad propia de su carácter pirenaico y de su naturalidad. Tras encajarse de nuevo en Jánovas, valle y cauce se abren definitivamente entre Boltaña y L’Aínsa, donde la plana de inundación se extiende y el cauce, ya con muy baja pendiente, describe primero meandros para por último trenzarse en brazos entre barras de grava, aportando al Cinca un notable caudal sólido que contribuye a ir colmatando el embalse de Mediano.

En el tiempo no hemos observado señales que demuestren grandes cambios recientes en la dinámica del río. Por el contrario, éste mantiene una torrencialidad que parece muy similar a la de los últimos siglos, y las fotografías aéreas de las últimas décadas no atestiguan cambios relevantes. Tan sólo algunas defensas lineales han limitado la dinámica en los tramos trenzados de Broto-Planduviar y Boltaña-L’Aínsa. También parece observarse cierto encajamiento del cauce en los últimos años, del que todavía no tenemos pruebas suficientemente claras. Quizás haya progresado más la vegetación colonizando los depósitos sedimentarios del cauce, lo cual puede deberse al menor número de mayencos en el último cuarto de siglo, cuando la innivación a lo largo del invierno ha sido claramente inferior a la de épocas precedentes. Pero todavía no podemos saber si esto va a ser un cambio climático mantenido o es un ciclo más de las oscilaciones propias de la dinámica ambiental.

Las terrazas formadas a lo largo del Cuaternario muestran estructuras sedimentarias similares a las del cauce actual, por lo que podemos deducir que después de las glaciaciones el paisaje del Ara ha sufrido pocos cambios, que el hombre no ha modificado lo suficiente la cuenca como para alterar la dinámica del río. En suma, el sistema fluvial ha ido manteniendo un equilibrio, dentro de su notable naturalidad. Esto significa que el río Ara funciona bien como un río, lo cual es su mayor valor y lo que lo diferencia claramente de sus hermanos pirenaicos, alterados por presas y derivaciones de caudal. Ese equilibrio está construido en la inestabilidad inherente a todo sistema natural. Y la principal prueba de ello es la labor geomorfológica de las crecidas, capaces de arrastrar gran cantidad de sedimentos y de producir cambios de trazado en los tramos no encajados del cauce. Las tres o cuatro grandes crecidas del último siglo han sido las responsables de los mayores signos de dinámica de este sistema.

Nos falta quizás perspectiva y profundizar más en el estudio para comprobar qué papel han tenido los cambios de usos del suelo de las últimas 5 décadas en la dinámica ambiental de la cuenca y del cauce. Este es un reto a investigar en los próximos años y un área de estudio que nos parece prioritaria es La Solana y el barranco de las Guargas. ¿Hay una respuesta hidrológica y sedimentológica en el barranco a los cambios humanos derivados del abandono de campos, desaparición de la presión demográfica, avance del matorral y del bosque y prácticas de repoblación efectuadas?

ALGUNAS PROPUESTAS DE ORDENACIÓN PARA LA CONSERVACIÓN DE LA DINÁMICA AMBIENTAL DEL SISTEMA FLUVIAL ARA

Resumiendo lo expuesto en el apartado anterior, el Ara se caracteriza por su dinamismo, complejidad, naturalidad y equilibrio como sistema fluvial, y en todo ello presenta valores iguales o superiores a los de los restantes ríos pirenaicos. En consecuencia, creemos necesario que la dinámica ambiental del sistema fluvial Ara se conserve en el futuro. Para garantizar esa conservación habremos de sentar unas bases en la planificación territorial tanto de la cuenca como del espacio fluvial.

En la cuenca hay que lograr que no se introduzcan nuevos usos del territorio que puedan alterar el equilibrio actual. Las actividades agropecuarias y turísticas que se desarrollan en la actualidad no han producido grandes cambios en la dinámica ambiental, y consideramos que su intensidad es bastante respetuosa con la misma. Habría que tratar de no incrementar excesivamente dicha intensidad (el excesivo número de visitantes de Ordesa es el mayor problema) y, sobre todo, evitar que se introduzcan actividades industriales, energéticas o extractivas, que sí que serían muy negativas para el funcionamiento del sistema cuenca.

En este sentido, nos parece fundamental incrementar los espacios protegidos dentro de la cuenca y el valle del Ara, tanto la ampliación del Parque Nacional como el establecimiento del LIC del río Ara. Incluso podría plantearse la protección de toda la cuenca con una figura versátil y un control más exhaustivo de los usos y procesos que en ella tienen lugar.

Por lo que se refiere al espacio fluvial del Ara, merece una protección integral por sus dimensiones, continuidad, naturalidad y valores ecológicos, bioclimáticos, geomorfológicos y escénicos o paisajísticos. Pero para que dicha protección sea efectiva hay que delimitar con claridad el corredor fluvial del Ara y permitir que se convierta en un espacio de libertad para el cauce y las riberas. Éste debe funcionar como corredor ecológico y debe ser continuo, sin rupturas, para que sea efectivo. No sólo tendrá el objetivo prioritario de que el Ara siga siendo un sistema fluvial complejo y valioso, sino que además reducirá los riesgos al permitir la laminación de las crecidas por desbordamiento. Con un corredor bien desarrollado no es necesario invertir en defensas.

En algunos enclaves muy puntuales y de carácter urbano, como en Broto, el corredor de libertad fluvial habrá de limitarse al cauce menor. En otros tramos, por el contrario, podrá abarcar toda la llanura de inundación. Pero en líneas generales dicho corredor deberá tener siempre la anchura suficiente como para que el cauce del Ara pueda moverse y desbordarse, erosionar y sedimentar, y para que se desarrollen los ecosistemas ribereños tanto en superficie como en madurez. Dentro del mismo hay que impedir las extracciones de áridos, los vertederos, las obras de defensa y nuevas edificaciones. Los usos que en él se realicen deberán ser compatibles con su naturalidad y su inundabilidad.

Sólo podremos preservar el corredor de impactos e invasiones si definimos muy bien estos usos, si deslindamos o delimitamos adecuadamente este espacio de libertad fluvial y si le dotamos de una protección legal que garantice que sus límites físicos y sus limitaciones de uso no van a ser vulnerados. Además, afortunadamente en el caso del Ara hay pocas invasiones heredadas que entorpezcan estos objetivos, así que básicamente tenemos que velar por que no se produzcan en el futuro.

La clave del éxito de estas medidas radica en delimitar correctamente el corredor de libertad fluvial, y creemos que esto no puede hacerse siguiendo las premisas de la Ley de Aguas. En el Ara, como en tantos otros ríos con cauces de meandros o trenzados, los criterios estrictamente hidrológicos que establece la ley para delimitar los cauces no son nada adecuados, sino que hay que recurrir a criterios geomorfológicos y ecológicos.

Es importante insistir, para concluir, en que un río es un sistema continuo y unitario, y que cualquier iniciativa de ordenación o de protección debe ser global, desde su nacimiento hasta su desembocadura. Todo lo que no sea global se queda en simples parches que a medio y largo plazo alterarán o desequilibrarán la dinámica del sistema.














REFERENCIAS Y TRABAJOS CONSULTADOS

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García Ruiz, J.M. (1977): Grandes embalses y desorganización del territorio. El ejemplo del Alto Aragón. Cuadernos de Investigación Geografía e Historia, 3 (1-2), Logroño.

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