Desde mi ventana

Las aves en Guaso

 

 
     
 

Antes de asomarme al vallecillo que forma el río Ena ya puedo escuchar el canto de los gorriones. Los hay a docenas entre los aleros y tejados de mi casa.

Después sí, después ya me asomo por la ventana. Temprano o al atardecer, durante la primavera y verano, el vuelo de las golondrinas, vencejos y aviones, es acrobático y juguetón. Piiiiiiiii, pasan como cazas entre casas y árboles.

Si es primavera puedo ver carboneros. Algunos años crían en la caseta de madera que les pusimos bajo una carrasca. Más sencillo de escuchar que de ver resulta el ruiseñor. Ensordecedor si te colocas bajo el árbol en el que esté cantando.

Para el verano el jilguero se posa encima de cualquier cardo.

Si es invierno quien se acerca por el huerto es el petirrojo, sabe que las personas removemos el suelo, lo que pone a su alcance algo de comer.

Los herrerillos danzan más bien por el otro lado del monte, alguna vez te cruzas alguna bandada.

     
 

 
     
 

En fin, no es nada raro oír al cuco o ver la pareja de abubillas con su cresta subiendo por la pista que lleva a casa Redonda.

Cada año llegan por aquí, subiendo desde el sur, bandadas de abejarucos.

Les gusta también, en ciertas épocas, remolonear por el huerto a las chovas, a los cuervos y a las urracas. Listas y descaradas.

Hacia donde está la casa de mi vecino, a unos cien metros de mi ventana, oigo una pareja de palomas silvestres. En los tejados del barrio de enfrente hay más palomas caseras que van y vienen a una nave cercana donde siempre hay grano.

Hacia la ribera del Ara, entre el río y la acequia, podemos ver posado al martín pescador o corretear a las lavanderas.

Desde mi ventana el cielo es azul, o violeta, o blanco, o rojo a veces y, a lo alto, una bandada de buitres ha decidido dar vueltas hasta posarse para limpiar de restos alguna oveja muerta.

La pareja de alimoches que anida por O Grao, también se deja ver en sus tareas de limpieza.

Y, de vez en cuando, algún quebrantahuesos, sólo, emparejado, o en trío viene a rematar la faena de, digamos, la gestión (la ingestión) de residuos sólidos.

El águila está en el poste del teléfono cuando paso cerca de casa Albéitar, en la ribera, o cuando voy con el coche hacia la Tierra del Bucho, al norte de Guara. ¿Oirán lo que habla la gente por los móviles?

Un águila culebrera deambula cerca de la Virgen de la Sierra, el monte de enfrente. Y, visto y no visto, un halconcillo hace acrobacias de caza entre el arbolado de alrededor.

El que parece que vive aquí, en el trozo de cielo por encima de los tejados, es el milano, buscavidas perenne.

Las grullas en uve de la primavera y el otoño pasan a cientos por encima del tejado rumbo a Europa o a África según la temporada.

Algún picapinos, posado en un tronco, vuela de paso por el terreno. Y no es difícil de observar al trepador azul sube que te baja por la carrasca del fondo.

De noche, oímos al búho, ¡shhh!, escucha bien, hay más de uno valle abajo. Y, en su temporada, a la lechuza que anida en el desván del vecino.

Además de las especies señaladas, otras 39 más están documentadas que anidan en Guaso o alrededores. Para hoy, basta con las que oigo o veo desde la ventana.

 
     
 

 
     

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